Vamos a recordar a José Fernandez

Por Alfredo Álvarez

Parece que fue ayer cuando me encontraba en el Marlins Park, rodeado de hombres, mujeres y niños y todos llorábamos. Nos parecía mentira que el ídolo de muchos en la ciudad de Miami, la cara de Cuba en las Grandes Ligas, el muchacho que en su rostro de niño representaba la libertad en todo el esplendor de la palabra, ya no estaba más con nosotros.

Esta semana, José Delfín Fernandez hubiera cumplido 26 años. Es difícil pensar que ya no veremos más a su abuelita y a su mama detrás de home, aplaudiéndolo y apoyándolo. Que su risa y esa manera de disfrutarse el juego de béisbol, que al fin de cuentas no es más que eso, solo un juego, ya no se verá más. Sus rectas de 99 millas ya no saldrán más de su poderoso brazo, más de 90 millas…. Distancia a la que se encuentra la tierra que lo vio nacer y que ahora guarda parte de sus cenizas.

Aquel fatídico 25 de septiembre del 2016, el mismo mar que trajo a Joseito y consigo, tanta alegría a la ciudad de Miami, en muy corto tiempo, se llevaba la vida de Jose Fernandez. Cada 25 de septiembre será un día diferente para el béisbol en Miami y para el deporte en general. Su muerte en un accidente en el mar, mientras iba en su bote junto con dos jóvenes más, Emilio Macías y Eduardo Rivero, tiene un lado obscuro, controversial y todavía difícil de creer, pero su carrera le debe servir de impulso a todo aquel que tenga un sueño que quiera realizar y que ningún obstáculo se lo pueda impedir.

La valentía de José, su amor por el deporte, su familia, su niña pequeñita que no pudo conocer y su grandeza y entrega a ser grande, son entre muchas las cualidades y adjetivos que nadie podrá borrar de su nombre jamás. Sera imposible que Miami olvide a José Fernandez. Sus propios errores que ahora salen a la luz, no creo puedan manchar su imagen, sino que le dan el tono de humanidad a su persona. Después de todo…. ¿Quién no se ha equivocado?

Hoy, sus familiares lo siguen llorando, sus compañeros de equipo los recuerdan con risas y lágrimas y a todo el que ame el juego de pelota fuerte, intenso, apasionado y de pura entrega, sabe que se le fue algo grande a este deporte de más de 150 años de existencia.

Yo, en lo personal, me quedo con el recuerdo de la última vez que tuve la oportunidad de hablarle en vivo. En su antepenúltima salida, el 9 de septiembre del 2016 contra los Dodgers de Los Angeles en el Marlins Park. José, salió del banco y se dispuso a caminar al jardín central, a su lado iba el receptor Jeff Mathis. De pronto paso frente a mí y no me aguantar de decirle en buen cubano: ‘’Joseito!! ¿Y entonces? ¿Les ganamos hoy? Y se rio y me dijo: ‘’Si Dios quiere’’

Me llevo esas tres palabras del niño que hace solo 6 días hubiera cumplido 26 años, que se nos fue demasiado rápido. Y si Dios quiere, en su infinita misericordia, quizás hoy está anunciado para subir al montículo como abridor de uno de los equipos de béisbol en el cielo. Si al final, es solo un juego y la alegría de este y la de Joseito, digan lo que digan, yo me niego a creer que se perderá en el tiempo.

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