Todo estaba bien…Hasta que llegó el complejo de perfección a la MLB

Mike Trout de los Angelinos de Los Ángeles observa desde la banca durante el primer inning ante los Rays de Tampa Bay, el jueves 2 de agosto de 2018. (AP Foto/Chris O'Meara)

Octavio Sequera

@osequeraTOMALO

Partido empatado en la novena entrada, 55 mil personas de pie, el equipo de casa con la carrera de la victoria en primera base, sin outs en la pizarra.  ‘Wild Pitch’ y el corredor llega a la segunda. Roletazo por el campocorto, el corredor en la intermedia es retirado por el defensor que luego de tocarlo hace un mal tiro a la inicial, lo que le permite al bateador, llegar hasta la segunda almohadilla.  Imperfecciones ¿cierto? Errores, que brindan una carga dramática a un juego que es hermoso por su imperfección. Eso es béisbol.

Ahora, imaginemos que ese estadio con 55 mil personas es su parque favorito en la actualidad. AT&T Park en San Francisco, Dodger Stadium, Fenway Park, Yankee Stadium, cualquiera que sea. De igual forma, póngale cara a los protagonistas de la secuencia anterior. Justin Verlander, Mookie Betts, JD Martínez, Carlos Correa.  ¡Vaya escenario! Probablemente cuatro de los mejores peloteros en sus respectivas posiciones en la actualidad.

Sim embargo, detrás de los encantos del juego, crece una tendencia “perfeccionista”, basada en estadísticas modernas que, en algunos casos, indican que un pelotero de ligas menores, puede hacer un mejor trabajo que uno que ha ganado dos Series Mundiales y tres veces el premio al Jugador Más Valioso, como es el caso de Albert Pujols.  Durante las dos últimas temporadas, este nuevo panel de ‘expertos’ colocan al dominicano como uno de los jugadores con menor valor para su equipo, debido a su bajo WAR (victorias sobre reemplazo).

Al término de la primera mitad de la campaña 2018, Gerrit Cole, era catalogado como el lanzador con la mejor recta de todo el béisbol, de acuerdo al portal Fangraphs, mismo que asegura que la curva de Zack Godley de los Diamonbacks de Arizona es mejor que la de Jacob deGrom, y que el slider de Jhoulys Chacín, es superior al de Max Scherzer.  No, no es mentira, son los nuevos ‘parámetros’ que pretenden, y en muchos casos han logrado, hacer creer que los jugadores más dominantes que han pasado por un diamante de béisbol, no son ‘tan buenos’ como parece y, como recientemente expresó el reconocido periodista de ESPN Max Kellerman, son productos de “Old man skills” habilidades de viejitos, traducido al español.  

El Shift

La formación defensiva con carácter especializado de acuerdo al bateador, conocida modernamente como “Shift” es otra tendencia. De acuerdo a la “Biblia del sistema defensivo” (http://fieldingbible.com) los Astros de Houston fue el conjunto con la mayor cantidad de carreras salvadas en 2017. Nada en contra de ello, es más felicitaciones a uno de los mejores infield de todas las Grandes Ligas.  Pero, siempre una lógica objeción, ¿Qué papel cumplen los bateadores en este “éxito” defensivo?

Wade Boggs, integrante del Salón de la Fama y uno de apenas tres peloteros cuyo hit número 3000 fue un cuadrangular (los otros; Derek Jeter y Alex Rodríguez), lo expresó de forma simple y sencilla, en su cuenta de twitter. “¿Por qué no dejan llegar la bola más al plato y hacer el swing a la banda contraria?”.  Una pregunta válida: ¿Por Qué? Acaso un pelotero de Grandes Ligas, en especial, uno que busca el contrato de su vida, como lo es el señor Bryce Harper, ¿no está en la capacidad de retrasar su swing? ¿De dirigir la bola? Mismo cuestionamiento aplica para Kyle Schwarber, Daniel Murphy, quien justificó su ineficiencia en este aspecto con una ambigua respuesta: “El béisbol ha cambiado”.  Y qué decir de Kyle Seager, de los Marineros de Seattle, quien afirmó que el éxito del shift es porque “David Ortiz, no quiso tocar la bola”. No por nada, Seager es conocido como el “hermano de Cory”.

Bienvenido el avance, pero jamás la falta de respeto al juego. En sólo 10 años, he podido presenciar como los palco de prensa de los estadios en Grandes Ligas, (15 visitados hasta la fecha), se han transformado en ‘cibercafé’.  En lugar de apreciar las incidencias sobre el terreno, colegas y no colegas, no apartan su mirada de sus computadores, tablas y teléfonos, en busca de una nueva estadística que alimente el ego de sentirse más experto y/o persona de béisbol.  

Jayson Werth, ganador de la Serie Mundial en 2008, recientemente fue cuestionado por la nueva tendencia de periodistas. Si bien es cierto, su lenguaje no fue el más indicado, se puede entender, pues proviene de alguien que trabajó para crecer y establecerse en uno de los deportes más difíciles de alcanzar la categoría profesional. El término empleado por el ex jardinero fue ‘súper nerds’, insisto, no estoy de acuerdo pues me parece ofensivo, pero si apoyo completamente su afirmación cuando dice “están matando el juego. Al punto de que no nos necesitan a nosotros, sino poner las computadoras allá en el terreno”. Así es y la consecuencia es palpable; managers inexpertos como Aaron Boone, contratos extremadamente sobrevalorados en el caso de Jayson Heyward y premios verdaderamente injustos, como el MVP de Mike Trout en 2016, cuando su equipo terminó 14 juegos por debajo de 500 en la División Oeste de la Liga Americana.

La sabermetría, como herramienta de análisis, es un tesoro. Expande el horizonte y exterioriza ramificaciones desconocidas de un deporte cuyo encanto son las imperfecciones y el elemento humano. El problema, radica en la exageración, cuando este recurso ocupa el primer lugar de medición y aparta los ojos de la raya de cal, las bases y el montículo, para trasladarlos a una computadora. Allí, la gran mentira.  

 

También podría gustarte

Deja un comentario

Su dirección de correo electrónico no será publicada.