Nombres que quizás olvidó, pero que la historia se encarga de recordar

En los tiempos actuales, el béisbol puro con su drama imposible de imitar y el encanto de las imperfecciones constantes, continúa sobreviviendo a las nuevas tendencias. Pues al final, se celebran las carreras, atrapadas, ponches y jugadas, que transforman el terreno de juego, en un verdadero diamante.

Como toda historia, existen héroes y villanos.  A continuación, le presento una breve lista de cinco nombres que quizás usted recuerde o tal vez, nunca escuchó de ellos. Lo que, si es indudable, es que estos cinco personajes, tienen conexiones y connotaciones precisas, cuyo impacto ha terminado en un momento inolvidable del deportes de costuras.

1.- Lance Johnson, salvador de una bella historia

El 11 de agosto de 1991, en apenas su segunda apertura en Grandes Ligas, un joven venezolano de 21 años llamado Wilson Álvarez dejó sin hits y sin carreras a una toletería de los Orioles de Baltimore, liderada por el “hombre de hierro” Cal Ripken Jr.  No obstante, la jugada central de aquella tarde, se remonta al octavo inning, cuando el designado de los Orioles, Chris Hoiles conectó un elevado entre los jardines central y derecho, la pelota parecía destinada a caer y convertirse en un extrabase.

Pero fue allí, cuando apareció el jardinero central de los visitantes para lanzarse de cabeza y capturar la bola. Una gran atrapada que determinó el primer ‘no-hitter’ en la historia de un lanzador venezolano en las mayores y a la vez, convirtió a Álvarez en el más joven en lograr la hazaña en los últimos 21 años, previo a la temporada de 1991.    

 2.- Jim Joyce y el juego “casi” perfecto

 El 02 de junio del 2010, será una tarde imborrable en la memoria de los aficionados y residentes tanto de Detroit como de Venezuela.  Armando Galarraga, de 28 años, se encontraba a las puertas de convertirse en el primero de su país en completar un juego perfecto.  Todo estaba destinado a celebrar en la ciudad del estado de Michigan (uno de los de mayor historia deportiva en Estados Unidos). Parte alta de la novena entrada, Galarraga domina a Jason Donald con roletazo a la primera base, Miguel Cabrera toma la pelota y lanza a la inicial donde Galarraga claramente cubre la almohadilla para completar el out, excepto que no pudo. El umpire de la primera base, Jim Joyce con 23 años de carrera para ese momento, sentenció “quieto” al corredor de los Indios de Cleveland, quien colocó sus manos en la cabeza en señal de sorpresa.

Caras largas, frustración y dolor, embargó por completo a dos naciones, que se vieron reflejadas en el dugout de los Tigres de Detroit.

El libreto estaba escrito para una noche de celebración, pues justo en esa novena entrada, el jardinero central, Austin Jackson, atrapó al elevado de Mark Grudzielanek, de espalda al plato, tras una gran carrera.  Pero en lugar de hablar de una historia de fama, con Jackson como héroe, lo que queda registrado, es la INFAMIA, de al árbitro Jim Joyce.  Y sí, aún duele.

3.-  Art ‘Superman’ Pennington

Llamado “Superman”, fue una estrella de las Ligas Negras en el béisbol con sede en Estados Unidos, pero prefirió jugar en México, Cuba y Venezuela, antes que tener que lidiar con la segregación racial en su país.  Justamente la fuerte división en el país norteamericano, ocasionó que el pelotero se negara a representar a su nación en la Segunda Guerra Mundial, a pesar de ser escogido por el ejército

Jugando para los “Gigantes de América”, en la misma liga junto a Jackie Robinson, promedió para 359 en 1945 para ganar esa batalla, al igual que la de los robos de base con un total de 18. Pero sería en México, donde Pennington estableció su presencia, al ser apodado como el “coloso del bateo”, registrando un promedio de 300 en tres temporadas consecutivas, antes de partir a Cuba y posteriormente a Venezuela, donde conectó para 360 en las campañas de 1951 y 1952, defendiendo la camiseta de los “Patriotas de Venezuela”, uno de los cuatro equipos fundadores de la Liga Profesional de ese país.

4.-  Alex González, el verdadero villano

La desgarradora debacle de los Cachorros de Chicago en la Serie de Campeonato de la Liga Nacional en el 2003, inmortalizado el nombre de Steve Bartman, como el causante de mantener viva “una maldición” en Wrigley Field.  Documentales escritos y audiovisuales, colocaron a este aficionado como un personaje maléfico en la historia de una de las franquicias de mayor tradición en Grandes Ligas.

Los Cachorros llegaron al octavo inning de ese partido, a cinco outs de avanzar a la Serie Mundial. El lanzador por Chicago, Mark Prior, sólo había permitido tres hits, cuando Luis Castillo de los antiguos Marlins de Florida. (Miami Marlins) conectó elevado de foul por el jardín izquierdo, donde el dominicano Moisés Alou saltó y por poco hace la atrapada. Sin embargo, Bartman, estiró sus manos e interrumpió lo que hubiese sido una fantástica jugada si, pero que sólo hubiera representado el segundo out de la entrada.  Años después, el propio Alou desmintió que Bartman fue el causante de haber interrumpido la atrapada y es bueno recordar, que la pelota estaba en zona de foul, por lo que no hubo decretada ninguna interferencia.

Después de un sencillo remolcador del integrante del Salón de la Fama, Iván Rodríguez, que acercó a los Marlins a 3-1. El lanzador Mark Prior dominó al venezolano Miguel Cabrera con roletazo a las manos del campocorto cubanoamericano, Alex González. Tenga en cuenta, los corredores eran Iván Rodríguez y Miguel Cabrera, por lo que la doble matanza estaba cantada, sin presión de tiempo.  Sin embargo, el campocorto nacido en Miami, no pudo atrapar la pelota y estiró una entrada en la que los Marlins, terminaron por darle vuelta al partido y eventualmente, se coronaron campeones en ese año.   González, si tuvo la oportunidad de oro y no la aprovechó, a diferencia de Bartman, cuyo único “pecado” fue tratar de atrapar un foul, fuera de la alcance del jardinero.

5.- Francisco Cabrera el “bravo” de oro   

Cuando se habla de la dinastía de los Bravos de Atlanta, siempre llegan a la mente los nombres de Jonh Smoltz, Greg Maddux, Tom Glavine, Bobby Cox y Chipper Jones. Totalmente entendible, pues todos ellos integran el Salón de la Fama y sin dudas, representan el núcleo de la existencia de una de las eras más dominantes en toda la historia de las Grandes Ligas.

Pero todo éxito tiene un origen y quizás, nada de esto hubiese sido posible sin la colaboración vital de un joven de 25 años, nacido en Santo Domingo, República Dominicana, con el nombre de Francisco Cabrera.  Historiadores respetados  y reconocidos cronistas, ubican a Cabrera como el jugador que cambió el destino de los Bravos de Atlanta y para ello, dos hechos puntuales.

El 21 de agosto de 1991, el equipo del estado de Georgia, llegó a la novena entrada cayendo 9-6 frente a los Rojos de Cincinnati. En ese inning, el dominicano conectó un jonrón de tres carreras para empatar la pizarra en un encuentro ganado por los Bravos en 13 capítulos. ¿Cuál fue la importancia de aquel partido? Al final de la temporada, Atlanta ganó la División con ventaja de sólo un juego sobre los Dodgers de los Angeles, lo cual le permitió la clasificación a la postemporada.

Un año después, específicamente el 14 de octubre de 1992, Cabrera entró como bateador emergente en la parte baja de la novena entrada. Los Bravos perdían 2-1 frente a los Piratas de Pittsburgh de Barry Bonds, quienes estaban a sólo un out de avanzar a la Serie Mundial. Cabrera había visto acción en apenas 12 juegos con Atlanta en esa campaña, pero en cuenta de dos bolas y un strike, ante el relevista Stan Belinda, el quisqueyano conectó imparable al jardín izquierdo para dejar en el terreno a Pittsburgh y darle a los Bravos, el boleto al “Clásico de Otoño”.

Cabrera se retiró en Japón en 1994, pero sin dudas, su nombre quedo para siempre en la historia del llamado “equipo de los noventa”.

Por: Octavio Sequera

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