José de la Caridad Méndez, el eterno Diamante Negro

José de la Caridad Méndez Báez, nació en la ciudad cubana de Cárdenas, provincia de Matanzas, el 19 de marzo de 1887 y residía en la calle San Juan de Dios entre Coronel Verdugo e Industria. Sus padres se llamaban José Dolores y Manuela, de esta última tomó sus dos apellidos. Estudió en el colegio San Luis, en la céntrica calle Vives hasta los doce años de edad y de allí pasó a trabajar en un taller de carpintería como jornalero, además poseía una gran afición por el béisbol y la música, incluso llegó a tocar muy bien el clarinete y la guitarra.

Sin embargo, su pasión mayor lo inclinaba al deporte de las bolas y los strikes que comenzó a practicar en el terreno de la Fundición, en el barrio cardenense de La Marina, donde jugaba con el equipo nombrado La Majagua en las posiciones del cuadro e incluso lanzaba. Sobre su captación para el béisbol profesional, en el libro José de la Caridad Méndez, El Diamante Negro, de la firma del licenciado Alfredo Santana se aclara: “muy joven traslada hacia Remedios, en la provincia de Las Villas, donde tuvo actuaciones destacadas y es recomendado para el Almendares por otro matancero, Armando Marsans, quien junto a Jabuco Cabrera llevaban la encomienda de captar a un joven lanzador de aquel territorio que no les impresionó, pero si se refirieron a un negrito de tremenda calidad que jugaba el campo corto llamado José de la Caridad Méndez,  quien fue aceptado por equipo azul”.

Ya con el Almendares vendrían los grandes éxitos del “cangrejero”, quien obtuvo 72 victorias en esa Liga Profesional Cubana con 25 derrotas desde que debutó en 1908 hasta 1927. Al finalizar la campaña de 1908, en la que inició su récord personal con 9 triunfos sin derrota, es que Méndez impuso la impresionante marca de 45 entradas consecutivas sin permitir carreras, 25 de ellas ante el fuerte equipo de las Grandes Ligas estadounidenses Cincinnati, al que entre el 15 de noviembre y hasta el 3 de diciembre propinó 2 lechadas y otros siete escones en rol de relevo.

Por esa época era ya un lanzador de fenomenal velocidad, buena curva y excelente control, además de ser un magnífico fildeador, al extremo que los especialistas decían que cuando el lanzaba su equipo jugaba con dos torpederos. Poco tiempo después vence a otros equipos ligas mayoristas y es entonces cuando le viene el mote del Diamante Negro, (recuerden que en esa etapa los negros no podían jugar en la MLB), frase dicha por el manager de los Gigantes de Nueva York, John McGraw, cuando lo vio lanzar: “qué lástima, que no fuera un poco más blanco, es sin duda, un Diamante Negro”.

Una gran parte de su gloria deportiva la alcanzó el derecho cardenense en las Ligas Negras donde aparece recogido en el Salón de la Fama de Esos campeonatos. Entre los hechos más destacados de Méndez en la señalada pelota negra, durante 16 años, están el haber ganado 44 juegos en una temporada y sólo perder dos, para conducir a los Cubans Stars al certamen de 1909, además en ese tiempo propinó un no hit no run al Chicago Rogers,  y ganó tres juegos y perdió uno como lanzador en Series Mundiales Negras (1924 y 1925), como manager y desde el box, cuando estaba  en el ocaso de su carrera.

En las Ligas Negras dirigió siete años en los que siempre estuvo con el Kansas City período en el que ganó 395 juegos y perdió 212 para promedio de 650. Fue tanta su gloria que su nombre está recogido no sólo en el templo de los Inmortales de las Ligas Negras también brilla como el primero en ser seleccionado en la década del 30 entre los Inmortales del Béisbol Cubano y por derecho propio en el Museo de la Fama de la provincia de Matanzas, que radica en el estadio Palmar de Junco, Monumento Nacional. En el año 2006 fue exaltado al Salón de la Fama del Béisbol en Cooperstown, Estados Unidos, donde los también cubanos Martín Dihigo, Cristóbal Torriente y Atanasio “Tany” Pérez, tienen su placa de jugadores, mientras que Felo Ramírez, como narrador y Alex
Pompez, como empresario en los siglos XIX y XX, completan el grupo de nacidos en Cuba, en ese recinto.

José de la Caridad Méndez Báez, falleció en La Habana a los 41 años de edad víctima de una bronconeumonía certificada por el Doctor F.W. Rodríguez el 31 de octubre de 1928. Sus restos descansan en el Cementerio Cristóbal Colón, de la capital cubana, donde fue sepultado en la tumba propiedad, entonces, del periodista Víctor Muñoz. Hasta ahora no han sido traslado a su ciudad natal. Lamentablemente ningún estadio en Cuba lleva su nombre, incluida Cárdenas. El mayor homenaje rendido a su memoria en la Ciudad Bandera fue el día 19 de marzo de 1947 cuando quedó instituido por decreto del Ayuntamiento local como Día del Pelotero por distinción a su figura. Fue tanta la calidad de Méndez que su nombre aparece incluido junto al de  figuras tan notables como el esgrimista Ramón Fonst, el ajedrecista José Raúl Capablanca, el billarista Alfredo de Oro o el también pelotero Adolfo Luque, como los más destacados deportistas cubanos de la primera mitad del siglo XX.

Por: Alfre Álvarez

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