El Salón de la Fama se viste de gala con Mariano

Miami, Flo – El Salón de la Fama en unos días, se convertirá en un lugar aún más majestuoso y especial, pues uno de los más grandes seres humanos y beisbolista de la historia será, inmortalizado en los pasillos de Cooperstown.

Cuando Rivera reciba su placa y lea su discurso de llegada a Cooperstown, desde el humilde Puerto Caimito que vio nacer a Rivera, hasta cualquier rincón donde exista un alma que ame al rey de los deportes, la felicidad y el sentimiento de admiración será indiscutible.

Rivera, comenzó en la organización de los Yankees en el año 1990, por aquel entonces, intentando ser un abridor. Después de tener resultados excelentes en las categorías Clase-A y Doble-A, Mariano tuvo sus problemas en la Triple-A con Columbus, donde en el año 1994, su efectividad fue de 5.81. Rivera sin embargo nunca perdió la fe, tanto en Dios como en sí mismo, incluso cuando lo bajaron a la Doble A e incluso a la Clase-A, pero remonto con buenos resultados y así vio su debut en las Grandes Ligas en 1995.

En su primera temporada en las Mayores tuvo sus malos momentos. Rivera por ese entonces solo contaba con una buena recta, pero bien liza y un cambio que no era de los mejores. Sin embargo, lo increíble estaba por suceder. En 1996, mientras hacia una práctica de bullpen, Rivera agarro de manera diferente la bola y cuando parecía que terminaba su sesión de picheo, le pidió al receptor regresar y atraparle unas más. Como por arte de magia, salió de su portentoso brazo, la famosa “Recta Cortada”. Así nació esa cutter o recta cortada, considerada probablemente como el picheo más dominante de un lanzador en la historia. A partir de ese momento y por el resto de su carrera, bateadores entrarían al home plate sabiendo lo que venía, pero no pudiéndolo tocar.

Los números de por vida de Mariano Rivera son como para poner en el Museo del Louvre:

Salió victorioso 82 veces, su efectividad fue de 2.21, sus 952 juegos terminados lo hacen el líder en toda la historia de las mayores, al igual que sus 652 juegos salvados y su ERA+ de 205 lo ubica también en el pico de la montaña, por lo cual es una muestra más a la hora de discutir que Mariano haya sido el lanzador más dominante de la historia de este romántico y perfecto juego llamado beisbol.

Todas estas estadísticas increíbles parecen pequeñas cuando miramos sus numeritos en la post-temporada donde Rivera fue casi un Dios. Gano 8 juegos y apenas perdió uno y bueno…. Como dice la famosa frase:

“Mas hombres han caminado en la luna que carreras limpias permitió Mariano Rivera en playoffs”.

Una gran realidad, su efectividad nos muestra un 0.70. Solo 11 limpias en 141 entradas y 96 apariciones.

Si todo lo antes mencionado no es suficiente, la mayor virtud de Rivera quizás no fue partirle los bates a más de un millar con sus rectas cortadas, sino su manera de conducirse tanto dentro como fuera de un terreno. Rivera es un ejemplo para todos los que aman este deporte, de hecho, creo que es un ejemplo para la raza humana.

Mariano dedica su vida a Dios y a su familia. Su amor y dedicación a su fe cristiana es tan admirable como su carrera beisbolística. Como hombre callado y no amante de los reconocimientos públicos, solo sabemos de una pequeña parte de lo que son sin dudas millones de obras benéficas y vidas que Rivera ha cambiado.

Próximamente, el Salón de la Fama de Cooperstown será un lugar más hermoso de visitar, porque una figura como Mariano Rivera ha sido inmortalizado. Panamá estará de fiesta, el Bronx se le une y el resto del mundo del beisbol se pone de pie y le da una reverencia al hijo de un pobre pescador de Puerto Caimito, que su fe en Dios y amor por el deporte de las bolas y los strikes, lo ha llevado a ser uno de los más grandes que jamás vimos en un diamante.

¡Felicidades, Mariano!

Fuente: Alfredo Álvarez

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